“La víctima es humana, el verdugo no lo es”

Una de las líderes más reconocidas en la defensa de las víctimas en el mundo, quien perdió a su esposo,  sus tres hijos y varias sobrinas durante el genocidio de Ruanda en 1994, estuvo en Colombia para la radicación del Proyecto de Ley que establece la reparación a las víctimas.

En esta entrevista con Óscar Montes, habló abiertamente de todos los temas: la justicia y el perdón, la reconciliación de Ruanda, los alcances de la Ley de Víctimas y el castigo que se les debe imponer a los victimarios.

Por ÓSCAR MONTES

Oscar Montes: Me gustaría empezar esta entrevista hablando del perdón. ¿Qué es el perdón para una persona que ha vivido una tragedia como la suya, a la que le mataron a sus hijos, su esposo y familiares muy cercanos? ¿Cómo logra perdonar una persona como usted?

Yolandé Mukagasana:
Para que haya perdón se necesita que alguien lo pida. Cuando alguien pide perdón es porque lamenta algo, sino no lo pediría. Quien pide perdón es porque se ha dado cuenta de que ha cometido un error y a esa persona hay que concederle la oportunidad de ser perdonado. No podemos tener una Humanidad que sea justa sin haber pasado por la fase del perdón. Sólo si hay Justicia puede haber Humanidad.

¿Quiero saber si los asesinos de sus tres hijos, de su esposo y de sus sobrinas, le pidieron perdón? Y si fue así, ¿usted sintió que ese arrepentimiento era genuino y que realmente estaban arrepentidos del acto de barbarie que habían cometido?

Quiero decirle que escribí un libro sobre mi caso particular. Se llama “Las heridas del Silencio”. El título es porque creo que existe el silencio de las víctimas, como también creo que existe el silencio de los asesinos. Pero quiero decirle que en ningún caso, los asesinos de mi familia vinieron a pedirme perdón: fui yo la que los fui a buscar, porque quería saber por qué habían hecho algo así. Me acerqué a ellos y les pregunté, “¿ustedes por qué hicieron esto? Yo simplemente quería saber cómo y por qué lo hicieron. Sin embargo, ellos, a pesar de haber sido yo la enfermera de todos ellos, de haber curado a sus hijos, ellos jamás me pidieron perdón.

Entiendo que los asesinos eran los amigos de barrio, gente que compartía con usted el diario vivir, en esos momentos en que la situación política era muy complicada en Ruanda. ¿Qué sintió cuando descubrió que los asesinos de su familia eran sus amigos y vecinos del barrio?

Lo que más me duele es que estas personas eran de mi barrio. Yo era la enfermera del barrio. Por esa razón, yo era quien se ocupaba de curar a sus padres, de curar a sus hijos y hasta de curar a quienes fueron después los asesinos de mi familia. Muchas veces los invité a mi mesa para que festejáramos juntos, cuando había cosas que festejar. Por ello me dolió tanto que fuera esa misma comunidad la que se devolviera en mi contra y me causara tanto daño.

Usted ha hablado de perdón y de justicia, ¿cree que es posible que haya perdón sin justicia, o que haya justicia sin perdón?

Tengo 56 años de edad y desde los cinco años he visto masacres. El primer cadáver lo ví a esa edad, pues el genocidio de los Tsusis se ha repetido por muchos años en la historia de Ruanda. Y es por ello, por esa experiencia que he vivido, que sostengo que no puede haber justicia si hay impunidad. Y para que haya perdón debe haber justicia. La justicia es mucho más importante para las víctimas que para los verdugos, que son quienes deben humanizarse. La víctima es humana, el verdugo no lo es.

¿Cómo se llevó a cabo el proceso de reconciliación en Ruanda? ¿Los victimarios recibieron el castigo que las víctimas reclamaban y que la sociedad exigía?

Me parece que a Colombia debería darse una vuelta por Ruanda, para que entienda todo lo que ha sucedido y cómo se ha dado la reconciliación. Todas las ONG internacionales que vinieron lo hicieron para ayudar a las víctimas, en ningún momento para castigar a los asesinos. Y ello es así porque la comunidad internacional también era responsable de lo sucedido, ella estaba implicada en este genocidio. Se sintió tan culpable que creó el Tribunal Internacional, que no me parece tan eficaz, pero es preferible que exista a que no exista.

¿De qué otra forma se llevó a cabo la reconciliación de Ruanda?

Desde nuestros ancestros, nosotros tenemos un tribunal de justicia que se llama la Gachacha, que es una justicia tradicional. Pero nunca antes nos había tocado juzgar crímenes de sangre, en los que hay que castigar a ambos lados, pero siempre pensando más en la reconciliación que en el castigo. La Gachacha es una justicia muy particular, porque se trata de una justicia participativa, donde todos tienen derecho a hablar y los jueces son escogidos entre los miembros de la comunidad. Son personas con gran identidad que escuchan a todos por igual. Esta justicia se basa en algo muy importante: la confesión del culpable y su petición de ser perdonado por la falta cometida. Y la comunidad sabe que la única forma de sanar las heridas es perdonando. Sólo así pueden seguir viviendo juntos.

El caso colombiano es diferente al de Ruanda. Para empezar los jefes paramilitares jamás han pedido perdón y por consiguiente tampoco se han arrepentido de sus actos, entonces, ¿cómo perdonar cuando los victimarios ni siquiera se han arrepentido de sus acciones?

Sería muy bueno indagar, por ejemplo, que ha pasado con las llamadas fosas comunes. ¿Existen realmente? ¿Cuántas son? Y, además, habría que averiguar si existe voluntad política para buscarle una solución al problema Yo le respondería a usted con una serie de inquietudes que tengo, la primera es que yo he sabido que en este país hay muchas desapariciones forzadas y he escuchado mucho acerca de fosas comunes eso seria lo primero ir realmente y saber hacer una evaluación de cuantas existen, en segundo lugar me pregunto existe realmente una voluntad política para buscarle una solución a este problema?

Siguiendo con el caso colombiano, hay que decir que el proceso de paz del gobierno de Álvaro Uribe se montó sobre tres pilares: justicia, verdad y reparación. Hoy hemos descubierto que no hubo ni justicia, ni paz, ni reparación. Me gustaría conocer su reflexión sobre el tema.

Yo vine hace dos años a Medellín, al Festival de Poesía, en ese momento fue muy impactante que saliéramos en la prensa señalados como terroristas. Tuvimos que escribir una carta para que esa situación se aclarara. Ahí fue cuando me entró la impresión que en Colombia la prensa miente y de que hay un velo que quiere encubrir alguna cosa. Hoy tengo otra impresión. Después de haber conocido al Presidente Santos he visto a un hombre bueno, una persona con voluntad de hacer algo por las víctimas. Y es bueno que las víctimas tengan un interlocutor que las escuche, porque sino existe ese interlocutor, pues ellas nunca van a hablar.

Tengo la impresión de que la gran novedad de la Ley de Víctimas que acaba de presentar el Gobierno, con el respaldo de muchas entidades, entre ellas la Fundación Víctimas Visibles, es que se centra en las víctimas y no en los victimarios. ¿Cuál es su impresión sobre dicha Ley?

Entiendo que las víctimas de Colombia se sientan apresuradas de que se haga pronta justicia y que se haga pronta reparación. Pero a ellas les digo que la solución no es inmediata y que es mucho mejor ir lento pero seguro. La gran pregunta que debemos responder todos es si en realidad dicha Ley beneficia a las víctimas, pues hay muchas personas jóvenes que están discapacitadas y a ellas una indemnización no les va a servir tanto, como una pensión de por vida. ¿Qué pasará con aquellas personas que no pueden trabajar? También es importante sensibilizar a la población contra el terrorismo y sensibilizarla hacia la visibilización de las víctimas. Por ejemplo, sería bueno crear el Día Nacional por la Memoria de las Víctimas, que sirva para que todos reflexionemos sobre esa tragedia.

¿Qué les dice a quienes creen que la reparación establecida en Ley de Víctimas afectaría las finanzas del Estado y que la misma podría afectar la situación fiscal de la Nación?

Pensar así es bastante absurdo. ¿Cuánto dinero se destina para la guerra? ¿Porqué todo ese dinero más bien no se destina para la paz? Pero, además, hay que decir que la reparación no es solo económica. También es moral y psicológica. Ahora bien, es evidente que la reparación total tampoco es posible, porque para que así fuera mis seres queridos deberían volver a la vida y ello es imposible. La vida humana no tiene precio. Pero al quedar víctimas, es a ellas a quienes debemos proteger. Esa es nuestra responsabilidad como sociedad.

¿Cómo reparar el daño causado, por ejemplo, a cuatro millones de desplazados que deambulan hoy por todo el país y que lo perdieron todo a manos de organizaciones criminales?

Habría que preguntarse si la comunidad internacional realmente está con las víctimas, porque, por ejemplo, cuando hay tsunamis o terremotos vemos que la comunidad internacional destina millones y millones de dólares, que son entregados a los gobiernos, que terminan construyendo hoteles para turistas y el dinero nunca es aprovechado por las víctimas. Me pregunto si existe realmente una voluntad política de parte de los poderes externos, como las multinacionales o los países poderosos, para ayudar a las víctimas. ¿Ellos quieren, realmente, ayudar a las víctimas?

 

Video: “Yolandé Mukagasana”

 

Yolande_Mukagasana

 

"Este premio de paz, en caso de que yo lo obtenga se lo dedico realmente a todas las víctimas que se han vuelto mas humanas con este sacrificio, con este dolor, ese es legado que le van a dejar a las generaciones futuras. La vida fue la que me escogió a mi y yo simplemente estoy al servicio de los otros y de la vida."