Su esposo murió en los ataques del 11 de septiembre de 2001 en Washington D.C.

Vicepresidente del Fondo Conmemorativo del Pentágono.

En la mañana del martes 11 de septiembre de 2001 había un cielo despejado sobre Washington D.C. En el aeropuerto Ronald Reagan, Rosemary Dillard se despedía de su esposo, Eddy, no sin antes formularle una exigencia: “Vuelve pronto. No quiero dormir sola”.

Rosemary continúo con sus labores como jefe de azafatas de una importante aerolínea, hasta que a media mañana su vida se rompió en dos: un compañero le informó que dos aviones con pasajeros se habían estrellado contra las torres del World Trade Center de Nueva York y otro más estaba secuestrado: el vuelo 77 de American Airlines, en el cual había partido Eddy.

Un grupo de terroristas ligados a la red Al Qaeda había coordinado un ataque en suelo norteamericano consistente en estrellar aviones comerciales contra los símbolos del poder de ese país. El avión en el que viajaba Eddy se estrelló contra el Pentágono, la sede del Departamento de Defensa de los Estados Unidos. Con él murieron 58 pasajeros y en tierra 125 personas más, entre militares y personal civil.

“Quería saber por qué había pasado eso y me involucré con las organizaciones, en memoria de las víctimas” recordó Rosemary Dillard, en marzo de este año, cuando participó, en un encuentro propiciado por la Fundación Víctimas Visibles, con víctimas del terrorismo y la violencia en Colombia.

Rosemary Dillard

Rosemary Dillard también participó activamente en el juicio al único sobreviviente del comando terrorista que ejecutó los atentados del 11 de septiembre. Una vez el terrorista fue condenado a cadena perpetua, el juez abrió un espacio para que alguna de las víctimas que quisiera ser escuchada hablara. Luego de unos minutos de silenciosa tensión, Rosemary se puso en píe y caminó hacia el estrado. Allí le increpó al condenado: “Quiero que sepa que usted arruinó mi vida, arruinó mi carrera y se llevó a la persona más importante de mi vida. Espero que usted se siente en una celda, sin ver el cielo ni el sol, sin contacto con el mundo y que su nombre no vuelva a parecer en los periódicos nunca más en mi vida”.

Rosemary Dillard está vinculada al Fund Memorial Pentagon, una organización civil, sin ánimo de lucro que recolecta recursos para construir un monumento a las víctimas de ese día en la explanada del Pentágono.