John Frank Pinchao Blanco, secuestrado por las Farc

Con el grado de Sub-Intendente, tenía escasos 24 años de edad cuando fue secuestrado por las FARC, junto con otros 60 policías, luego de la toma de Mitú, el 1 de noviembre de 1998.

 

Casi nueve años después, el 28 de abril de 2007, protagonizó un acto heroico, al escapar de sus captores. Durante 18 días enfrentó el no saber nadar, la falta de alimento, los peligros para sobrevivir en plena selva colombiana. El conmovedor relato sobre su fuga fue publicado en su libro “Mi Fuga hacia la Libertad”.

Su libro llega a la 12ª. Edición, y sigue siendo el número uno en ventas de la Editorial Planeta, se tradujo al idioma francés. Con respecto a su libro, Pinchao dice: “es un testimonio en el cual narro la crueldad del secuestro, los atropellos de las FARC, la grandeza de nuestras fuerzas militares, de esos hombres que quedaron allí, y también cuento mi decisión de ser libre. Pese a todos los obstáculos, para mí el mayor deseo era ser libre” y es que, según él, por la libertad hasta la vida se debe dar.

En sus propias palabras, con sus sinceras y desenfadadas expresiones, Pinchao da un testimonio lleno de verdad y aventuras. Esta historia de sufrimiento y coraje es su vida. Es prueba de una Colombia que lucha para desafiar la desesperanza y el terror de la violencia. Es una fuga  hacia su libertad, porque su mayor anhelo era darle continuidad a la realización de su vida como policía, como hombre, como padre, hijo y hermano, pero esto sólo era posible siendo libre.

“Sé que si me quedo muero. Y sé que si me escapo puedo morir, entonces tendría la satisfacción de haber muerto en libertad”, con estas palabras, se  inicia  el reencuentro académico con Pinchao, en el marco del Diplomado Narrativa Testimonial desde las Víctimas para Construir Memoria Histórica, diseñado y organizado por la Fundación Víctimas Visibles, mediante convenio con Acción Social de la Presidencia. 

Pinchao inicia su relato,  su testimonio, contando sus orígenes humildes. La vida con sus padres y hermanas, él es el único hombre, con orgullo cuenta que todas ellas hoy son profesionales. Presenta a Jenny, su hermana menor, como su mejor amiga y su compañía permanente,  a través de la radio, durante el secuestro: “ella perdió sus mejores años y me los dedicó a mí, cada domingo estuvo conmigo en las Voces del Secuestro”, dice, mirándola, con agradecimiento y admiración . También nos cuenta cómo fue su niñez y su juventud y en cada palabra deja entrever  que esa época estuvo cimentada por fuertes lazos de solidaridad y amor familiar.

Su padre, don Luis Pinchao, se encargó de enseñarle de todo, siempre le brindó su compañía yestuvo con él, formándolo. Y tampoco lo abandonó durante el secuestro.  A don Luis, lo vimos en plantones y en eventos organizados por la Fundación Víctimas Visibles, como cuando clamó, por la libertad de su hijo, en el Senado de la República. Su madre también estuvo, junto con sus hermanas, en sitios de Colombia que jamás pensaron visitar.  Ellas, al igual que su padre siempre guardaron la esperanza de saber algo de su muchacho. Y es que cuando secuestran a una persona, secuestran a una familia entera.

Ahora John Pinchao, se muestra como un hombre  feliz. Con serenidad y aplomo ofreció, a los alumnos del Diplomado, un testimonio conmovedor sobre su cautiverio en la selva. Las penosas marchas entre la manigua, las inhumanas condiciones de vida, donde hasta la privacidad se pierde. 

Con sentimientos encontrados registra esos momentos compartidos con otros secuestrados, como el ex congresista Luis Eladio Pérez, liberado por las Farc a comienzos de 2008, y con quien ese día, de su conferencia, se reencuentra. Se funden en un profundo y sincero abrazo, pues Luis Eladio, al igual que los demás participantes de este Diplomado, ese día tuvimos esta cita para escucharlo, para volverlo a ver y para aprender del hombre libre.

Pinchao también habló de su amistad con Ingrid Betancourt, con sus palabras muestra su admiración y el agradecimiento por los consejos y apoyo brindado, durante su secuestro, en momentos en que todo le pareció en vano.

Cuenta también que durante el secuestro se dedicó a estudiar. Fue uno de los alumnos de Alan Jara y además recibió sus primeras lecciones de francés en la selva. Ingrid Betancourt le enseñó "La Marsellesa" y algunos cuentos infantiles. Después de su fuga, estudió en la Alianza Francesa, en Bogotá, pero cuenta que el francés ha sido todo un desafío para él. Sin embargo, y aunque no lo dijo, sabemos que logró ser el mejor de su clase en París. 

Con certeza seguirá enseñándonos a soñar, a pesar de las circunstancias. A ser libres, a pesar del secuestro, porque como dice Víctor Frankl, en su libro El Hombre en busca de Sentido, "la libertad espíritual, es lo único que no se nos puede arrebatar, es lo que hace que la vida tenga sentido y propósito". 

Tal vez esa libertad espítual es la que emerge en momentos en que los sentimientos y las emociones empiezan a desaparecer, durante un secuestro, por ejemplo.  Y en John Pinchao afloró de forma radical el sueño de volver a ser libre, porque lo único que no pudieron cautivar fue el corazón y la mente de este ser humano.